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gustavoprieto.comEmigro a mi web para seguir contando mis aventuras desde allí. Quien quiera seguirme estoy en gustavoprieto.com Hotel #003
Después de la segunda visita a España, me estoy preparando para un octubre cargado de grabaciones: bodas, videoclips, un documental e incluso un spot televisivo. Mientras toco madera para que todo salga bien, dejo mi tercer microrrelato, recordando mis anécdotas en el hotel.
Estaba predestinado a morir antes de cumplir los treinta, al menos esa era la media en su barrio, pero sus versos entusiasmaron a un manager que andaba perdido por las estaciones del metro de Londres. Le sacó de la calle, de su barrio y, ahora, Jordan era portada de todas las revistas de música. Jordan provenía de una familia del Congo que había trabajado muy duro para sobrevivir. Él lo sabía y se lo repetía a su novia mientras ella zapeaba desde la cama del hotel donde se alojaban. Eres una ignorante, le dijo a ella, que ni se inmutaba ante las quejas del chico. “Esto es demasiado para alguien como yo”. —A eso me refería, dijo él con arrogancia. Te dejo a ti.
Aquí en PDF. Mi Manchester #041
Foto en alguna parte de Wales, U.K.
El otro día estuve en uno de esos enormes almacenes dedicados a todo tipo de herramientas y utensilios de electrónica. Fui con Amir, el fotógrafo, en coche, porque no hay otra manera más fácil de llegar a este tipo de locales. Rodeados de todo lo que uno necesita para vivir, restaurantes, tiendas de ropa, etcétera. Como digo, estaba en esa tienda y en una estantería había un montón de adaptadores para enchufar nuestros cables de dos clavijas en las de tres, de los ingleses. Entonces recordé que llevo casi seis meses en Manchester y la primera noche me vi perdido y aburrido en mi habitación por no tener ese maldito adaptador. Como un tonto sonreí porque me sentí como Tom Hanks cuando regresa a casa tras perderse en la isla. El pobre naúfrago que enciende una y otra vez la luz. Nada que ver, es lógico, pero esa noche también me sentí perdido, y no solo por el adaptador. Ahora escribo desde Londres porque mañana vamos a grabar una boda. Además, esta tarde hemos hablado con otra pareja para grabarles otra ceremonia en octubre. La próxima semana tenemos una gran oportunidad grabando un documental para el gobierno mancuniano y otro videoclip. Tengo varios meses entretenido. No conforme con esto, me voy a España, mi segunda visita desde que vine aquí, por trabajo. Mi amigo Raúl se acordó de mí para aportar alguna idea a un vídeo que grabaremos para una compañía de quesos de Valladolid. Una buena manera de visitar a mi familia. Lo extraño de todo es que me siento culpable y no sé por qué. Parece como si necesitara despertar de lo que me pasa. La mejor fórmula para sentir que todo es real es cuando hablo inglés, que sigo confundiendo tiempos verbales e inventándome palabras para que Amir se eche una risas. Pero poco a poco y sin darme cuenta, como la calvicie, que ni lo notas, pero al cabo del tiempo, sí, estas calvo, también has aprendido inglés. Mi Manchester #040De momento, esto es en lo que estoy entretenido en Manchester. Hotel #002
Jimmy arrugó la cara antes de llamar a la habitación. “Good morning, housekeeper”. "My friend" era el saludo habitual de Jimmy a un chico español con el que solo hablaba de fútbol. Los dos trabajaban juntos ese día. “Barcelona” y “Messi” solía decir Jimmy mientras zigzagueaba la mano como una culebra y soltaba con una sonrisa en la cara: “Messi. Manchester United”. Pero los sábados, Jimmy se olvidaba del fútbol y no paraba de repetir: Put in. Take out. Put in. Take out... Pronto el español supo que se refería a las camas extras que había que poner o quitar. Ese día de la semana solicitaban más de lo habitual y la falta de organización del hotel no facilitaba la tarea. Dos en la planta primera, tres en la segunda, dos en la tercera... pero hay que poner dos en la quinta, por lo que las que quitamos de aquí... Jimmy hacía cábalas para no tener que mover las camas entre plantas, lo que suponía meterlas en el ascensor y el doble de esfuerzo. “Good morning, housekeeper”...Tras varios put in/ take out, Jimmy aseguraba que en esa habitación había una cama extra debajo de la grande. “La última”, juraba mientras abría la puerta. El cliente no estaba y la cama extra tampoco, por lo que tendrían que buscarla. Jimmy repasó la lista de nuevo y empezó a mascullar entre dientes. ¿No había más camas extras? Tras registrar los diferentes almacenes de cada planta recogieron un colchón de la octava planta y el respaldo de la cama en la segunda. Llegaron a la habitación sudando. De nuevo, enfrente de la puerta. “Good morning, housekeeper”. Jimmy se secó la frente antes de volver a llamar a la puerta y, justo cuando iba a abrirla, el cliente asomó la cabeza. Les miró con una sonrisa forzada y dijo que ya no necesitaba la cama extra. Y cerró. Jimmy miró al español y soltó: shit.
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Gustavo PrietoBlog del realizador y escritor Gustavo Prieto que ha emigrado a tierras inglesas.
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