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Gustavo Prieto

gustavoprieto.com

Emigro a mi web para seguir contando mis aventuras desde allí. Quien quiera seguirme estoy en gustavoprieto.com


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Hotel #003

Después de la segunda visita a España, me estoy preparando para un octubre cargado de grabaciones: bodas, videoclips, un documental e incluso un spot televisivo. Mientras toco madera para que todo salga bien, dejo mi tercer microrrelato, recordando mis anécdotas en el hotel.

 

Estaba predestinado a morir antes de cumplir los treinta, al menos esa era la media en su barrio, pero sus versos entusiasmaron a un manager que andaba perdido por las estaciones del metro de Londres. Le sacó de la calle, de su barrio y, ahora, Jordan era portada de todas las revistas de música.

Jordan provenía de una familia del Congo que había trabajado muy duro para sobrevivir. Él lo sabía y se lo repetía a su novia mientras ella zapeaba desde la cama del hotel donde se alojaban. Eres una ignorante, le dijo a ella, que ni se inmutaba ante las quejas del chico. “Esto es demasiado para alguien como yo”.

Jordan salió del baño secándose las manos en sus tejanos, por lo que al verle, ella le gritó que usara las toallas. “No quiero pagar más”, le espetó. El comentario le produjo tal risa a la chica que casi se cae de la cama. “Todo está incluido, merluzo. Además, tu no lo pagas”.

Él se quedó sorprendido e inmediatamente pensó en llevárselas a su madre. Mientras buscaba un hueco en su maleta, ella, sin soltar el mando del televisor, le explicaba que con el dinero que iba a ganar con los conciertos, las entrevistas y la publicidad, tendría mil toallas mejores que las que allí ponían.

Pero él seguía sin asimilarlo. Se sentó observando cada detalle de la habitación y echó un vistazo por la ventana. Manchester estaba a sus pies, pero él no dejaba de pensar en su barrio marginal. En su gueto y en su familia. Sin dejar de mirar afuera dijo que lo dejaba. Entonces, ahora sí, ella soltó el mando del televisor como si le abrasara la mano. “¿Estas loco? Puedes ganar el suficiente dinero como para comprar el gueto entero... Ella se calmó y se acercó para acariciarle por la espalda. Tampoco quiero que me olvides a mí... dijo con voz acaramelada.

—A eso me refería, dijo él con arrogancia. Te dejo a ti.

 

Aquí en PDF.

Mi Manchester #041

Foto en alguna parte de Wales, U.K.

 

El otro día estuve en uno de esos enormes almacenes dedicados a todo tipo de herramientas y utensilios de electrónica. Fui con Amir, el fotógrafo, en coche, porque no hay otra manera más fácil de llegar a este tipo de locales. Rodeados de todo lo que uno necesita para vivir, restaurantes, tiendas de ropa, etcétera. Como digo, estaba en esa tienda y en una estantería había un montón de adaptadores para enchufar nuestros cables de dos clavijas en las de tres, de los ingleses.
 
Entonces recordé que llevo casi seis meses en Manchester y la primera noche me vi perdido y aburrido en mi habitación por no tener ese maldito adaptador. Como un tonto sonreí porque me sentí como Tom Hanks cuando regresa a casa tras perderse en la isla. El pobre naúfrago que enciende una y otra vez la luz. Nada que ver, es lógico, pero esa noche también me sentí perdido, y no solo por el adaptador.
 
Ahora escribo desde Londres porque mañana vamos a grabar una boda. Además, esta tarde hemos hablado con otra pareja para grabarles otra ceremonia en octubre. La próxima semana tenemos una gran oportunidad grabando un documental para el gobierno mancuniano y otro videoclip.
 
Tengo varios meses entretenido. No conforme con esto, me voy a España, mi segunda visita desde que vine aquí, por trabajo. Mi amigo Raúl se acordó de mí para aportar alguna idea a un vídeo que grabaremos para una compañía de quesos de Valladolid. Una buena manera de visitar a mi familia.
 
Lo extraño de todo es que me siento culpable y no sé por qué. Parece como si necesitara despertar de lo que me pasa. La mejor fórmula para sentir que todo es real es cuando hablo inglés, que sigo confundiendo tiempos verbales e inventándome palabras para que Amir se eche una risas. Pero poco a poco y sin darme cuenta, como la calvicie, que ni lo notas, pero al cabo del tiempo, sí, estas calvo, también has aprendido inglés.
 

Mi Manchester #040

De momento, esto es en lo que estoy entretenido en Manchester.

Hotel #002

 

Jimmy arrugó la cara antes de llamar a la habitación. “Good morning, housekeeper”. 

"My friend" era el saludo habitual de Jimmy a un chico español con el que solo hablaba de fútbol. Los dos trabajaban juntos ese día. “Barcelona” y “Messi” solía decir Jimmy mientras zigzagueaba la mano como una culebra y soltaba con una sonrisa en la cara: “Messi. Manchester United”. 

Pero los sábados, Jimmy se olvidaba del fútbol y no paraba de repetir: Put in. Take out. Put in. Take out... Pronto el español supo que se refería a las camas extras que había que poner o quitar. Ese día de la semana solicitaban más de lo habitual y la falta de organización del hotel no facilitaba la tarea. 

Dos en la planta primera, tres en la segunda, dos en la tercera... pero hay que poner dos en la quinta, por lo que las que quitamos de aquí... Jimmy hacía cábalas para no tener que mover las camas entre plantas, lo que suponía meterlas en el ascensor y el doble de esfuerzo.

“Good morning, housekeeper”...Tras varios put in/ take out, Jimmy aseguraba que en esa habitación había una cama extra debajo de la grande. “La última”, juraba mientras abría la puerta. El cliente no estaba y la cama extra tampoco, por lo que tendrían que buscarla. Jimmy repasó la lista de nuevo y empezó a mascullar entre dientes.

¿No había más camas extras? Tras registrar los diferentes almacenes de cada planta recogieron un colchón de la octava planta y el respaldo de la cama en la segunda. Llegaron a la habitación sudando. De nuevo, enfrente de la puerta. “Good morning, housekeeper”. Jimmy se secó la frente antes de volver a llamar a la puerta y, justo cuando iba a abrirla, el cliente asomó la cabeza. Les miró con una sonrisa forzada y dijo que ya no necesitaba la cama extra. Y cerró. Jimmy miró al español y soltó: shit.

 

Aquí en PDF

Mi Manchester #039

Foto. Snowdonia, Wales, U.K.

Mi Manchester ha dado un giro. Un riesgo. Vine con intención de aprender un idioma y muy pronto me he cruzado con mi profesión en el camino. Cámara. Edición. Todo en uno para grabar bodas, videoclips o lo que haga falta. Y ha venido sin forzar nada. Hasta ahora.

Ahora he dejado el hotel, un trabajo que me estaba minando por dentro, para apostar por un nuevo camino. ¿Self employed? O lo que es lo mismo, autónomo o freelance. Tiene muchos nombres. De momento, estoy informándome.

No conozco a nadie que haya sido emprendedor en estas tierras, a pesar de que parece muy fácil. Que se hace online por esta web y que solo se paga según lo que ganes. Nada que ver con España.

Tengo trabajo con Amir hasta diciembre y con nueva gente a la que le tengo que demostrar que valgo para esto. Ya os adelanto que aquí no se rascan mucho los bolsillos y mi profesión, al igual que en España, está mal pagada.

Veremos que nos depara esta nueva aventura. 

 

Mi Manchester #038

Foto "todo es posible". Birmingham, U.K.

 

Al cabo de ciertos años te das cuenta de que hay que cambiar ciertos hábitos a los que uno se ha aferrado siempre. Una de mis malas costumbres es no conciliar el sueño por pensar en algo del día siguiente. Pero soy incapaz, no he aprendido a despojarme de las preocupaciones, los nervios se apoderan de mi. No los controlo. Sigo intentándolo, pero no lo consigo.
 
Hace unos días esperaba dos respuestas. Una era que en el hotel me aceptaran la petición de trabajar a media jornada y, la otra, era que me confirmaran si la habitación donde quería mudarme quedaba libre. No hay ningún misterio. Todo se fue al garete.
 
Quería media jornada debido a que estoy saturado con el trabajo de las bodas, que solo se me aseguraba hasta diciembre. En ese momento, el jefe me dijo que lo tenia que pensar. Pasaron varios días y decidí hablar con la segunda jefa. Ella me dijo que tenia que hablarlo con el jefe. Bien, pensé, los dos lo saben, por lo que es una manera de insistirles a la vez, pero sin ser pesado. Tras mas de una semana de espera, la contestación fue que “piense en ello” (thinking about)... WTF???
 
O en castellano, ¿qué c...... tengo que pensar? Desde que empecé a trabajar con el fotógrafo he querido tener menos horas en el hotel, pero no me las han dado, primero porque fue un mes con muchas reservas y, segundo, porque mi jefa se fue por estrés. No había nada que pensar.
 
El otro asunto era la búsqueda de casa. Como cualquier ser humano en estas circunstancias se vuelve loco buscando anuncios, visitando casas y haciendo números. Aquí en Manchester no es para menos. El lado oscuro como ciudad universitaria es que hay un montón de casas para “estudiantes”. Los que somos profesionales, que nos califican como tal, tenemos que pagar “Council tax”. Dicho impuesto ronda las ochenta libras por mes para la casa, es decir, que si viven cuatro profesionales, se dividen y no es mucho. Para uno solo la renta le sube bastante.
Había encontrado una casa interesante, pero parece que alguien se me ha adelantado.
 
Tras este día de decepciones, Amir, el fotógrafo, me llamó por la noche para decirme: “tengo buenas noticias para ti. Un trabajo a full time. Puedes dejar el hotel”.
 
Todo esto fue hace una semana. Hoy he firmado dos papeles oficiales. La dimisión en el hotel y el contrato de mi nueva casa. Dos días completamente diferentes.


Mi Manchester #037

Foto. Catedral de Chester, U.K.

Bodas islámicas. Segunda parte.

El primer día de la gran boda es cuando la pareja se une en matrimonio junto a las dos familias. Es un ritual en el que se les da mas dinero a los novios y donde literalmente se le entrega la novia al novio. Subrayo esto último porque el final de este día es lo mas dramático que he visto en mucho tiempo y todo porque es “el día de la novia”.

En la casa del novio le preparan antes de ir a la ceremonia. Vestido de gala, como si fuese Aladino, y acompañado por dos niños. La madre le pone un sombrero, que es como un casco de telas y con unas tiras que le cubre la cara. En el ritual le ponen varias collares de hojas alrededor del cuello, al mas puro Hawaii, anillos y... dinero. Nunca falta. Aquí, de nuevo, la familia y los amigos le saludan, pero siempre para soltar el billete. Después de todo esto, el novio se monta en el coche, donde le tapan la cara y no se la descubren hasta que llega al salón donde se celebra la boda.
 
Mientras, la novia espera en una habitación, pequeña, dentro del salón donde más tarde cenarán. Como si fuese un programa de televisión, ella no puede salir. La gente empieza a llegar, esta vez más trajeada que los días anteriores y reciben la llegada del novio tirándole pétalos y confeti.
 
Durante la bienvenida al novio, aparece el sacerdote y reune a los padres del futuro matrimonio para que firmen en un libro. Nadie les hace caso porque la gente esta en sus mesas o con el novio. Después, el sacerdote se va a la habitación donde esta la novia para que firme su enlace en el mismo libro, y después hace lo propio con el novio. Insisto, por separado y sin que la pareja se haya visto todavía (lo que más me llamó la atención es que el sacerdote pide el consentimiento de cada uno de ellos para recibir sus honorarios. Bastante dinero por cierto).
 
Entonces es cuando sale la novia y, llevada por su padre, se la entrega al novio y es el momento en el que el sacerdote toma la palabra. Poco más de cinco minutos, ya están casados. A comer.
 
De nuevo, refrescos, pollo al curry (Para mí, picante, para el resto no) y pescado. Sin olvidar en el postre el arroz dulce (que me encanta). Después de las fotos y cortar la tarta, es tradición que las hermanas y amigas de la pareja quiten el zapato al novio para luego pedirle dinero (En una boda le sacaron doscientas libras). Y de este momento de juerga y diversión, de repente, suena el clarinete (Para mí es algo similar. Una música triste donde las haya). Es la misma para todas las bodas y sirve para avisar a la novia de que tiene que irse con el novio.
 
Este momento fue confuso para mí. La boda ha terminado y la novia, llevada por el padre, es la protagonista porque empieza a llorar a lágrima viva. La familia se despide de ella como si no la volvieran a ver. La música sigue sonando. El momento álgido es con los hermanos y la madre. ¿Y el novio? Pues perdido entre la multitud con cara de... “no entender nada” (como yo). Por suerte siempre hay alguien sensato que dice: “coño, si la vais a ver mañana”.
 
Y al día siguiente, por supuesto, todos la vuelven a ver en “la segunda boda”, llamado “walima”. Se supone que éste es el día del novio, pero ni mucho menos termina igual. Es un día más tranquilo, donde están invitados los amigos de él. Más fotos, más refrescos y más pollo al curry (picante) y... más coreografías de bollywood. Todo un espectáculo.

Mi Manchester #036

Foto sacada de facebook (Market st, Manchester)

 

Dicen que cuando uno señala a la luna, solo el tonto mira al dedo. Estos días, la oleada de violencia en inglaterra está siendo el punto de interés en todas las portadas de los periódicos, desplazando a segundo grado la hambruna del cuerno de áfrica.
 
Son dos casos opuestos, pero parecidos en la solución. Mientras que aquí se plantea que no se recorten los presupuestos en la policía, allí se les envía comida para atajar el momento. Unas semanas, un mes con suerte.
 
No soy sociólogo ni periodista ni filósofo. Desde mi humilde silla veo estas soluciones como el que barre y mete la mierda debajo de la alfombra. En definitiva, creo que los problemas habría que atajarlos desde la raíz y, centrándome en la violencia de estos días en tierras inglesas, no se puede resumir en: “estos chavales habría que meterles en la cárcel”.
 
En esta enorme ciudad hay barrios marginales, como en el que vivo yo, donde las calles y las aceras parecen el juego del topo, en el que hay agujeros por todos lados como si hubieran dado mazazos. Recorrerlas con una silla de bebé debe ser como hacer el rally dakar.
 
Cuando llegan los periódicos locales, salen en las fotos futuros concejales que aseguran que el barrio ha cambiado. Y debe ser cierto, en los ochenta y los noventa aquí las muertes por arma eran diez veces superiores a las de ahora. De hecho, la mecha de violencia en Manchester surgió en otro barrio, en Saldford.
 
Seguro que allí las aceras son iguales que aquí, como las viviendas de protección, las familias desestructuradas, los traficantes de droga y la falta de presupuesto en educación y en la ayuda a los miles de desempleados.

Los políticos aprovechan para meter en la cárcel a los gamberros y a otra cosa, mariposa. Como el hambre en el mundo. En definitiva, seguimos mirando al dedo.
 
Por contrapartida, los pillajes se han centrado en tiendas de electrodomésticos y tiendas de ropa de marca. El capitalismo ha hecho un buen trabajo. Los pobres prefieren robar un chandal Nike que comida.


Mi Manchester #035

 

 

Las fotos de las catedrales se pierden y se olvidan en ese océano de click’s que ametrallamos en los viajes. Son como los granos de arena que acaban posándose junto al resto en el fondo del mar. Y suspendidos en el oleaje quedan contados recuerdos, momentos específicos, en definitiva, lo que no se olvida, como la cerveza en la terraza de Chester en el que arreglamos el mundo.
 
Mis compañeros de casa se vuelven a su país, a continuar con su vida. Hemos pasado tan solo seis meses conviviendo lejos de nuestras raíces y compartiendo esta nueva experiencia. Se van y apenas he aprendido italiano y cuatro recetas de pasta. Ni mucho menos me ha ayudado a mejorar mi inglés, pero ha merecido la pena.
 
No tengo prisa. Estoy en mi camino, viviendo y conociendo a gente. Aprendiendo de otras vidas y otros puntos de vista. Confirmando que el mundo ni es blanco ni negro. Lejos queda aquella noche en la que me presenté acongojado buscando mi nueva casa y ellos tras intercambiar dos saludos me dieron su teléfono.
 
Podría parecer que siendo del sur de Europa, donde nos une el mediterráneo, crea lazos de unión más estrechos, pero no. Ellos son de Venecia y yo de Valladolid. No sé qué impulsa a que unas personas calen más que otras. He convivido con bastante gente, de diferentes nacionalidades, muy diferentes entre ellos, pero tengo la seguridad de que si les juntara a todos en una gran cenorra nos lo pasaríamos genial.
 
Como he dicho, se van. Su futuro continúa en otro lugar y yo me quedo aquí, esperando el mío, escribiendo y recordando el buen tiempo que hemos pasado juntos.
 
En la película “Into the wild”, dicen que los mejores momentos de la vida los pasas acompañados. Estoy de acuerdo con ello, pero no sé por qué, de vez en cuando, me gusta tanto la soledad.

Hotel #001

No hay mucho que explicar. A partir de ahora, iré incluyendo microrelatos. De momento, tengo una serie de historias que transcurren en un hotel y como protagonista nada más y nada menos que un vulgar españolito en tierras inglesas. Cada capítulo surge de algo que he visto, que he encontrado o que he vivido durante esta experiencia de limpia habitaciones, así que cada cual que elija qué es real y qué es ficción. También se puede descargar en PDF en el enlace.

Hotel #001

La maleta abierta con la ropa desperdigada por la habitación indicaba que el cliente iba a pasar una noche más. El chico de la limpieza masculló entredientes al ver el desorden y empezó con la tarea. Tan solo había cambiado las toallas del baño y se disponía a secar la mampara de la ducha, cuando una mujer entró gritando en el cuarto, sin percatarse de la presencia del joven.

Hablaba en un inglés ininteligible para el muchacho recién llegado de España, pero por el tono debía de estar soltando improperios a alguien mientras recogía su ropa con avidez y cerraba su maleta. Ese alguien apareció y entró en la habitación a la altura de la puerta del baño, donde el joven se había quedado petrificado con el trapo en la mano.

La mujer tenía el rímel corrido por toda la cara y, sin fuerzas, arrastraba su maleta con las dos manos hasta que la soltó mascullando un “fuck off”. Después se encaró tambaleándose frente al hombre y le escupió en la cara otro “fuck off”. Y se fue repitiendo la misma palabra una y otra vez por el pasillo. Justo cuando salió la mujer, el hombre miró al joven que reaccionó al instante y le pidió disculpas con ademán de irse, pero el tipo, angustiado, le permitió seguir con su tarea. “Go ahead, go ahead”, insistió. 

Después se sentó y empezó a soltar el nudo de su garganta explicando al joven que la mujer ya no volvería más, que eran muchos años soportando lo mismo. También recordó cuando la vio por primera vez en un pequeño pueblo de Escocia y que, desde que empezaron a salir juntos, hicieron el amor todos los días del año. Fue mágico, sentenció, y le empezaron a caer lágrimas por la mejilla.

El joven no le vio, ya que estaba obcecado en su tarea, y tampoco le entendió ni una palabra, por eso, más tarde, se inventó una historia de lo que había ocurrido, pero con un final feliz.

 


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Mi Manchester #034

Es fácil saber si alguien se ha casado recientemente, ya que se les quedan las marcas en la cara de haber forzada la sonrisa durante casi veinticuatro horas. No me quiero ni imaginar cómo se le queda la cara a los novios de una boda islámica que dura cuatro días (aunque esto depende del dinero que tengan la familia).

Grabar una boda cristiana es un tanto aburrida, sobre todo cuando suelta la charla el cura (que te hace sentir culpable y no sabes por qué). Pero las bodas islámicas no tienen nada que ver. Para los novios sigue siendo el suplicio de ser los protagonistas y tener que estar sonriendo todo el rato, pero para los invitados es muy divertido. Las mujeres son las que mejor visten. Engalonadas con sus trajes de colores y sus brazos y manos decoradas con dibujos de henna.  

Los dos primeros días, llamado Mendhi, es la presentación del novio a la familia de la novia y el segundo es lo mismo, pero con la novia (En general, esto se hace en un día. Como he dicho, depende del dinero). Tras la llegada del protagonista, este se sienta junto a sus padres y unos familiares sujetan un pañuelo encima de ellos donde los invitados más tarde dejarán el dinero.
 
Antes de soltar el billete, que no baja de veinte pounds, le dan varias vueltas por encima de la cabeza del novio/novia. También forma parte del ritual huntarles con un palito un poco de henna en la mano (donde tienen una servilleta) y con un pincel le mojan el pelo (tras pasar todos los invitados haciendo lo mismo, termina con la cabeza empapada).
 
Después de este largo proceso es la hora de la comida (pollo al curry picante nunca falta) con refrescos y agua. Nada de alcohol. En el postre también es habitual arroz dulce o una receta con zanahorias y almendras (muy rico, por cierto). A diferencia de las bodas cristianas donde al finalizar la comida todo el mundo baila con la corbata en la cabeza (debido al alcohol), en este tipo de celebraciones bailan porque forma parte de la fiesta. Algunos invitados se han trabajado una coreografía al más puro estilo Bollywood y mueven su cuerpo delante de todo el mundo. Un espectáculo digno de ver.
 
Los dos primeros días la fiesta dura poco. Empiezan a las siete de la tarde y termina sobre las once. Tras un día de descanso, llega la gran boda y la segunda boda al día siguiente, que contaré en el siguiente post.

Mi Manchester #033

Birmingham, UK

 

Mucha gente me pregunta por lo que veo al abrir las puertas de las habitaciones. El misterioso mundo de los seres humanos en su momento mas íntimo, sus objetos, su forma de vida... bla, bla, bla... Aunque el tiempo que llevo no es para llegar a una tesis del housekeeper, sí que puedo analizar las diferentes situaciones que me he encontrado y con las que he llegado a ciertas conclusiones e hipótesis.
 
Hay que distinguir claramente entre los clientes (guess) que se hospedan entre semana y los que lo hacen en fin de semana. No hay que ser un sociólogo para saber cuál es lo que les empuja a unos y otros el pasar una noche en el hotel.
 
Entre semana, con excepciones de algún concierto en la ciudad, la gente pasa una noche por cuestiones de negocios. El hombre, en esta ocasión, lleva su portátil y poca ropa. Apenas usa los jabones que les ofrece el hotel y, alguna vez, ni siquiera se duchan, por lo que es de limpieza rápida. Estaríamos hablando de un DEFCON 5 (Habitación ideal).
 
Siguiendo con este tipo de días, hay una clara diferencia entre estos hombres de negocios y las mujeres de negocios. Sí. Está demostrado empíricamente que la mujer necesita tocar todo, así que, sin ser una locura de desorden ni nada preocupante, este tipo de situaciones entran en la categoría de DEFCON 4 (¡Pintalabios en los vasos!)
 
Como he dicho, entre semana suele ser tranquila hasta que hay algún acontecimiento o... simplemente llega una pareja, no se sabe muy bien por qué, pero ahí están fornicando a las ocho de la mañana un jueves de mayo (!). Dos personas utilizando todas las toallas y, de vez en cuando, bebiendo vino en la bañera. Categoría DEFCON 3 (Les pitan un poco los oídos a los clientes).
 
Llega el fin de semana. Antes de entrar en profundidad en este tema, he de decir que alguna vez no ha sido tan alarmante, pero son pocas. El sábado y el domingo suele ser un momento de jolgorio, fiesta, borracheras, alcohol, fastfood... todo junto como si la propia habitación fuera un cocktail y lo movieras con mala leche. En el DEFCON 2 hablamos de situaciones en las que el baño esta encharcado como si se hubieran duchado fuera de la cabina. Momento de ropa nueva en la que quito etiquetas, pegatinas, cajas y demás restos y desperdicios y lo tiro a... no, en la papelera no, lo tiro al suelo. Hablamos de gente que les pita los oídos tanto que creerían que les están llamando al móvil. Son ese tipo de personas que se duchan y se bañan con sales de baño (o como yo las califico: ¡qué coj.... de mie.. se echan que está pegado como su p... madre!)
 
Y ahora llega el DEFCON 1. Redoble de tambores. Hay veces que estas prevenido al ver el escándalo que forman. En este tipo de habitaciones se han celebrado literalmente la despedida de solteras, cumpleaños o tan solo han dormido ¡niños!. No tienen nada que ver unas con otras, pero el resultado es similar. En una hay globos y serpentina por todos lados, y en la otra todos los cristales y espejos están llenos de manos, babas, etc... (en ocasiones, las madres han decidido cortales el pelo a sus hijos en el baño). Limpiar todo lleva más de media hora, por lo que pierdes pasta si no te das prisa. Resultado final: terminas jodido y doblado del cansancio. La colección de improperios, insultos y blasfemias que uno suelta al ver algo así no es digno de un blog de esta categoría.
 
En próximos capítulos... bodas islámicas.

Mi Manchester #032

Hoy ha sido un día extraño. He empezado pidiendo menos horas en el hotel, ya que mi cuerpo no da más de sí. Trabajar mis días libres con el fotógrafo es una locura. Sobre todo ahora que hay más clientes y no bajo de las ocho horas, o sea dieciséis habitaciones. La supervisora me ha dado el okey y me he ido a por el trolley. 

Cuando arrastraba el pesado remolque por los pasillos, me he encontrado cinco pounds. La felicidad fue perturbada a las dos horas, al ver a la supervisora (la misma que le pedí menos horas) para darme más horas extras (!). Tres personas no habían ido a trabajar, por lo que tenían que repartir las habitaciones entre la gente. Como no paraba de suplicarme, he aceptado.
 
El trabajo se hace sin problemas, pero si al principio tuve agujetas ahora tengo calambres y dolores de espalda. Jamás me había sentido así en ningún otro trabajo (será la edad). Mi energía está consumida y el pasado domingo, grabando el videoclip, me sentí fatal. Duermo poco, me duele todo el cuerpo y no tengo tiempo ni siquiera para escribir en el blog.
 
A media mañana tuvimos reunión de departamento. Momento en el que nos ofrecieron unas cocacolas y barras de chocolate. Ante esto, lo único que se puede pensar es que vienen malas noticias. Pero no, solo nos han dicho que la anterior jefa lo ha dejado para siempre (según me han chivado por estrés (?)) y que en estas semanas se iba a restablecer todo de nuevo.
 
También podría contar que mañana iba a ir al concierto de Bjork, pero como se solapa con una boda islámica, he tenido que venderla. El tipo al que se la he vendido era de Manchester y me ha dejado a cuadros al preguntarme si yo era filmmaker, ya que su hermano me ha reconocido (por el nombre) tras ver el vídeo que hice para el festival de cortometrajes (para terminar el día raro).
Por cierto, aquí podéis echar un vistazo al vídeo (yo solo grabé y edité el vídeo, la decisión de que durase seis minutos no fue mía).

 

Mi Manchester #031

 

La primera vez que llegué a Madrid, viví durante un mes en un piso de un amigo, después cuatro años en el centro de la capital y poco después en la zona del rastro. Ahora estoy por tierras inglesas, en mi segunda casa. A pesar de tanto cambio, de lo que no he escapado son de las costumbres. Mi cuerpo, esté donde esté, se acomoda y empieza a tener rutinas.

 

Después de más de dos meses en el hotel mi cuerpo se despierta a las seis y media de la mañana (antes que el despertador). Y si es fiesta y no tengo que madrugar, también. El reloj biológico se ha quedado marcado. Me gustaría encontrar el botón de off para algunas ocasiones.
 
Mi rutina incluye la ducha, el té con leche y coger el autobús, casi siempre, con la misma gente: está la mujer negra, bien maquillada, con faldas que marcan su silueta y tacones, que me mira de reojo si me aventuro a sentarme a su lado; o el vagabundo que coge el bus dos paradas más adelante que yo. Solo los domingos. Tiene billete semanal (once libras), pero no tiene máquina de afeitar. Su ropa no esta echa jirones, ni mucho menos, solo está vieja y manchada. Tampoco se ducha, por lo que cada vez que entra en el bus te invade el olor a meado y sudor.
 
Al que veo cada mañana es a un hombre regordete y canoso sentado en la terraza del Café Nero. Haga frío o calor (?) cada día está allí con dos cocacolas, hablando solo y riéndose. En ocasiones les dice algo a los transeúntes, sin dejar de mostrar su dentadura. Su rutina se ha hecho mía también. Mi cabeza gira cuando el bus llega a la curva. Necesito verle, saber que sigue ahí al fresco y con mi mirada le saludo para decirle hasta mañana.
 
No me puedo olvidar de las dos amigas orientales, estudiantes de algo, que los domingos van a alguna parte del gran campus universitario. O la mujer con ojos claros. Esa va entre semanas por la misma zona que las dos chicas. Es atractiva, con pelo corto y rubio. Se baja en frente del Café Costa...
 
Después del trabajo todo cambia. Cada vez cojo un autobús diferente y envidio las mañanas, y sus rutinas, sus gentes hasta que llego a casa. Entonces es como si me acabara de levantar, me vuelvo a duchar, me tomo mi té con leche y me siento... esta es la mejor de todas las rutinas.

Aunque no se cuanto durara, porque estoy pensando en cambiarme de casa.

Mi Manchester #030

Me dicen desde España que ha llegado el verano. Aquí ha aparecido el sol tarde, pero no sé cuánto durará. Las últimas semanas ha llovido casi todos los días. Quien tenga problemas de reúma es mejor que busque otro destino.

A pesar de mis pequeñas quejas (no solo del tiempo), si en febrero me hubieran dicho todo lo que tengo ahora, lo hubiera firmado sin lugar a dudas. Podría resumir mi pequeña estancia en Manchester en que encontré trabajo en menos de un mes y el segundo en menos de dos meses. 

Cuando empecé a enviar currículos, no solo lo hice a hoteles, restaurantes y bares, sino que me atreví a enviarlos a dos o tres productoras. En ningún momento pensé que alguien como Amir, un fotógrafo de esta ciudad, le diera por coger mi c.v. y decidiera enviarme un sms a las ocho de la mañana para decirme que tenía trabajo para mí como cámara y editor de vídeos.
 
Amir es paquistaní y al poco de conocernos ya empezó a llamarme “my friend”, y sigue haciéndolo cada vez que nos vemos o nos despedimos. El destino nos ha unido justo cuando yo he llegado a su ciudad y él ha querido abrirse camino en el mundo audiovisual.
 
Ya he dicho en varias ocasiones que pasan los días volando y que tengo la sensación de que todo va muy deprisa. No como en Madrid, que ese “deprisa” se convertía en “estrés”. No. Aquí paso los días ocupado. Sin tiempo para estudiar inglés, en definitiva. Solo hago que reunirme con unos y con otros para grabar un vídeo o con Amir para hablar de los nuevos proyectos.
 
Pero lo que tardé años en empezar en Madrid, aquí lo voy a hacer en un mes. Ahora lo tengo que compaginar con el hotel, así que julio será ajetreado. Tengo que grabar varias bodas islámicas (hablaré más adelante de ellas) y un videoclip, que es lo más interesante.
 
El otro día estuve viendo las localizaciones para grabar el music video (como me insiste Amir, aunque yo vuelvo a decirle “videoclip”) y me sentí bien. Muy bien. Me encontraba en un lugar perdido del gran Manchester, en concreto, en el estudio donde grabó el grupo el disco, conociendo nueva gente... Viviendo algo que a veces olvido de vez en cuando que es el presente.
 
No sé que saldrá de todo esto, ni a hacia donde va. Si durará mucho o poco. Lo único que puedo decir es que me da un aliento en mi vida y después de mucho tiempo me siento muy a gusto, a pesar del “nasty weather”.

Mi Manchester #029




Mi vida ha sido siempre la de un currito. He trabajado en multitud de empresas. En todas he aprendido algo y en todas te encuentras el mismo tipo de personas. Incluso en Manchester.
 
Creo que ya lo he explicado, pero voy a refrescar la memoria para que se entienda mi última anécdota con una supervisora. En el trabajo te dan equis habitaciones que tienes que limpiar en 30 minutos cada una, PERO si terminas más tarde no te pagan más, por lo que tienes que terminar a la hora. ¿qué pasa si terminas antes?
 
Pues si terminas pronto tienes que esperar a la hora que deberías haber terminado para cobrar esas horas.  Unas se van a fumar, otras limpian más despacio, hablas con algún compañero... cualquier cosa, pero hay que acabar a la hora. Casi “todas” las supervisoras te dicen que esperes porque si no, no te pagan las horas que te pertenecen por haber limpiado todas las habitaciones.
 
Pero el otro día descubrí que hay una supervisora toca cojones que si acabas antes, te manda a casa o te pide que limpies el pasillo. (!) Alucino en colores. La obsesión de ciertos encargados por ver a sus trabajadores moverse debe ser sintomático en cuanto ascienden al cargo. Como si fuera una gripe.
Me he visto en este tipo de tesituras en varias ocasiones. “No hay trabajo, pues te pagan para algo, aunque no haya nada que hacer, te lo inventas, pero no quiero verte parado”. (En este caso es peor, porque el trabajo lo has hecho). Necesitan verte hacer algo. Eso sí, cuando hay mucho trabajo y haces horas extras ni dios dice nada. Este tema me quema mucho y salí del hotel echando pestes por culpa de la (….) de la supervisora.

Mi Manchester #028

 

 

Mi primer viaje en tres meses a España ha sido rápido y sin un ápice de tiempo para respirar. Tuve una primera parada en Madrid donde volví a disfrutar de las cervezas y las tapas. En Valladolid me dediqué dos días a disfrutar de la familia, en concreto de mis sobrinos, y terminé el viaje con una inmensa boda junto a grandes amigos de toda la vida. Agotador. Corto. Entrañable. Y el viaje de vuelta un infierno de largo.
 
Ya llevo casi dos meses en el hotel, donde me ha pasado de todo, donde he encontrado todo tipo de habitaciones, gente guarra y gente más guarra todavía. He tenido alguna discusión con alguna compañera (incluso con una supervisora, en breve lo contaré con detalle), pero en cambio tengo más confianza con otros, como con Jimmy. Pasan los días y ¿mi inglés?
 
Mis amigos en España fue lo primero que me preguntaron. No sé cómo se les dará al resto, pero yo de momento sigo estancado. Sigo aprendiendo vocabulario, sigo escuchando, hablando, pero no fluye y, sobre todo, sigo sin entenderles. Mi cuñado me preguntó que cuántas veces asentía con la cabeza como si supiera lo que me dicen, pues muchas. Y eso, que muchos me lo repiten y tiene paciencia, pero no entra.
 
El inglés no se pega nada más aterrizar, así que yo seguiré estudiando.
 
En el hotel ha habido cambios. Sí, ya tengo trolley en propiedad, con mi nombre, pero fue porque dos personas lo han dejado. Esto se suma a que es época de vacaciones, así que el resultado es que nos tocan más habitaciones, más horas y más riñonadas.
 
Hasta el punto de que hoy les he tenido que decir que más de ocho horas no trabajo. Ha sido duro ver la lista de habitaciones. Parecía como si no terminaran. Me he ido del trabajo cansado y con impotencia. Todavía con los vestigios en mi memoria de España y mi incapacidad de mejorar mi inglés me ha hecho apoltronarme en mi casa y no querer saber nada del mundo.

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Mi Manchester #027

 

Breve reseña: Después de tres meses, hago mi primer viaje a España. Cinco días que no dan para mucho. Tomaré unas cañas en Madrid y luego rumbo a Pucela, donde tengo una boda. Desconectaré del inglés, pero parece que no del mal tiempo. 

Hoy en el hotel ha habido cambios. Dos compañeras se han ido y no sé por qué. Debido a eso, ya tengo trolley. También tengo proyectos que contaré en breve junto con mi amigo fotógrafo.

Son pinceladas que relataré con detalle cuando vuelva. Tengo ganas de relajarme junto a mi familia.

Mi Manchester #026

Chinatown, Manchester.

Recuerdo una anécdota que me pasó de crío (momento abuelo cebolleta), que se me quedó clavada el resto de mi vida. Tendría seis u ocho años y estaba con mis abuelos en una parada de autobús por el centro de Valladolid. Era de noche y estábamos solos en la marquesina. No paseaba nadie por la calle, excepto otra pareja de ancianos. Cuando llegaron a nuestra altura, nos dieron las buenas noches y mis abuelos les correspondieron con el mismo saludo. Esperando una respuesta afirmativa, les pregunté a mis abuelos que de qué les conocían y, para sorpresa mía, me respondieron que no les conocían, pero por educación, se saludaban.

Mi madre siempre me obligaba a decir gracias cuando el dependiente o el médico me daba una chuche. Aquí no sé exactamente cómo les habrán educado, pero durante dos semanas he subido en un ascensor con estudiantes y no me saludaba ni Rita. Ni siquiera un “hello”, por lo que pedirles un “good morning” podría ser demasiado. Pero al loro. A ti que te ven todos los días en el mismo bloque no te saludan, en cambio sí se despiden del conductor del autobús.
 
La gran mayoría de la gente en Manchester da las gracias al conductor del autobús cuando se bajan en su parada. “cheers, man”, dicen bien alto antes de salir del vehículo. Incluso los ebrios que no pueden artícular bien su nombre, sacan sus fuerzas para agradecer el viaje al señor conductor. (Aquí los autobuses solo tienen una puerta, por lo que te bajas por la parte delantera).
 
A mis compañeros de piso, cuando llegaron a Manchester, les pasó algo también curioso. Estaban en la puerta de casa, de noche, pelados de frío, esperando al casero a que les trajera las llaves, y nuestros vecinos, les sacaron un par de tazas de té y se volvieron a encerrar en su casa. Supongo que ese día dormirían de puta madre por la buena acción del día. El hombre le diría a la mujer, este domingo no hará falta darle dinero al pobre de la iglesia (!). (Es el mismo señor que salió escopetado el día que estaba haciendo fotos de mi calle para preguntarme por qué había hecho fotos de su casa).
 
A la hora de buscar trabajo te encuentras con respuestas similares. Supongo que viene por esta nueva moda de las grandes empresas que van de buen rollito. Hace poco me enviaron un email una cadena muy famosa de fast food para decirme (en cuatro párrafos) que no había conseguido el puesto de trabajo, pero, si no me importaba, me daban un test para que les dijera “qué tal había ido el proceso de solicitud”.
 
Vayamos por partes. Señores del mal llamado recursos humanos. Después de rellenar un formulario con mis datos, preguntando hasta el color de mi piel, el historial laboral... No conformes con eso, me hacéis un test de actitud en el trabajo de cuarenta preguntas. En definitiva, para un solo trabajo donde tienes que hacer hamburguesas, tengo que dedicar veinte minutos. Para rematar, no me elegís, pero me pasáis otro test para saber cómo ha ido el largo y tedioso formulario (!)
 
Esto son anécdotas negativas, pero también he tenido muy buenas. Como el otro día, que me confundí de número de autobús para venir a casa y el señor conductor tuvo la paciencia para entenderme en qué barrio vivía. Como le debí de dar pena, cuando le fui a pagar me guiñó el ojo y me dejó pasar. Después de varias paradas, me avisó para que me bajara y ahí es cuando le dije: “Thank you, so much”.
 
Nada más despedirme del conductor, ya en la calle, una chica que se bajó del mismo autobús, me preguntó a dónde iba y en mitad de la explicación me dijo: “¿Hablas español?”. Pues sí, le contesté, extrañado. La chica era negra, de Angola, sabía tres idiomas y este verano se va de vacaciones a Málaga. Éramos vecinos de barrio, por lo que en el camino me hizo un esquema de su vida y al llegar a una esquina, se despedió de mí con una sonrisa. Fue un adiós, teñido de hasta siempre, de una desconocida.

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