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Gustavo Prieto

Sensaciones

 


Encontrar sensaciones en este mundo tan hostil, aunque no lo creas, es fácil. No hay nada como asomarse a lo más cercano que tengas al lado, al que te roza, al que te mira, al que te cuenta un secreto al oído. Es mejor no pararse a pensar en ello porque lo sientes en cuanto lo tienes en frente de ti. No hay que aprender en ninguna escuela exótica ni hacer extrañas posturas con las piernas retorcidas mientras fumas aromas de alguna planta medicinal de las montañas de Katmandu. En la vida hay que jugar y no creerse nada, la vida está aquí para asirla y apretarse a ella, así es como se puede tener grandes sensaciones, pero no nos engañemos, los mejores momentos no los encuentras por mucho que lo intentes en tus búsquedas parroquiales o bajo los efectos psicotrópicos de alguna sustancia traída del Marrakech. En ocasiones, las sensaciones te vienen de otra vida, como me ha pasado a mí. La otra vida eres tu. El hecho de pensar que iba a ser Tío y, a la par, Padrino “extraoficial” me ha hecho tener nuevas sensaciones. Y mira que los niños y yo... no somos muy compatibles, bueno, quizás nadie lo es, ni quiere, pero eso no impide tener sensaciones. Ya no importa si acaba bien esta carta, ni el guión que tengo a medias, se me olvidó por completo aquella mirada que me turbó en el reflejo del metro, y es posible que no llame a esa chica (bueno, sin pasarse). Ahora sí que me tienes enraizado y ya no podré escapar. ¡Qué cabrón! Yo aspiraba a una vida de olvidos y penas, de lágrimas y estupores, de esperas en aeropuertos desconocidos y hostales de mala muerte, vagabundear por el mundo mandando una mísera postal a la familia mientras acababa la última botella de whisky barato... porque había dejado de creer en las sensaciones. Pero me has chafado el sueño bohemio. Ahora me has hecho madurar (?), me has quitado la venda de los ojos (y también la cuenta corriente), ahora me has tatuado para siempre un hogar al que mirar, e incluso trasnochar. Pendiente, maldito, del teléfono para oírte crecer e ir corriendo a comprarme un ida/ vuelta del autobús más cercano para verte como te vales por ti mismo y logras tener las mismas sensaciones que he conocido yo. Tengo la suerte de ser tu Padrino “extraoficial”. Como dice tu padre, un Padrino ateo, pero no por ello con menos funciones que el resto. No creas que la distancia mella en la memoria y menos en estos tiempos que corren donde es más fácil comunicarse con alguien lejano que con el que tienes al lado. Sientan bien las distancias, de vez en cuando, porque el reencuentro es mucho más extraordinario, pero hay que tenerlo para dejarte llevar por las sensaciones que vibran y palpitan sudorosas con ansias arraigadas. Quizás sea una de mis excusas baratas para disculparme por mi ausencia, justificarte el por qué de mis regalos con una carta firmada con ahínco y verborrea barata. Pero forma parte de mí. Espero que me perdones no poderte enseñar a montar en bicicleta, ni ponerme de portero mientras rematas ese balón de reglamento que te regale. Intentaré solventarlo, prepararé un plan que sólo sepamos tu y yo, porque, al fin y al cabo, todo esto forma parte de esa espiral de sensaciones que necesito vivir, y que parecían marchitadas en algún rincón perdido y solitario de Madrid, que han vuelto a tener luz propia desde que oí ese minúsculo llanto que provenía del fondo de la cuna. Tenerte en mis brazos ha sido el mayor placer de mi vida. Bienvenido al mundo de las sensaciones.

A Marcos.

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1 comentario

ana -

las cosas son más sinceras cuando salen del corazón y se escriben desde la emoción. espero q esa personita te emocione como tú le emocionarás cuando tenga edad de leer esas bellas palabras.
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