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Gustavo Prieto

Making up

 

Mi blog debe tener hambre porque se ha comido los dos últimos textos que escribí hace menos de un mes. Así que lo transcribo tal cual:

 

Equipo técnico: “Hemos acabado”. Eso sucedió hace cuatro meses. Tras un día agotador en el que no faltó de nada: no teníamos trípode, todos los planos eran en exteriores, con un sol radiante y cinco niños en escena… con un balón de fútbol. Casi nada. Pero al final se logró el objetivo y el domingo lo tuve libre (el día de mi cumpleaños) y decidí dar uso a la cámara alquilada grabando el corto de www.notodofilm.com «A por ellos». Un corto con la única pretensión de enviarlo a la Web del concurso. En el siguiente enlace se puede descargar:

http://www.notodofilmfest.com/ediciones/06/es/php/descarga.php?nombre=615.wmv&titulo=_A_por_ellos_.wmv

Mientras, la espera para poder editar «Making up» se hizo eterna, pero por fin logré acabarlo antes de navidades gracias a David, el montador. En un fin de semana logramos tener el primer montaje, no había mucha discusión, lo teníamos claro, pero siempre hay matices, faltan planos, ¿se entenderá?, eliges una mirada, pero el sonido falla, o eliges una buena actuación, pero el plano está desenfocado, o directamente el plano que elegí no me gusta. ¡Qué dolor de cabeza! Menos mal que es una historia de nueve minutos.

Año nuevo, corto nuevo. El trabajo no había acabado. Estábamos a medio camino y, como si fuese un tronco de madera, lo esculpíamos poco a poco. Teníamos el esqueleto, ahora faltaba el sonido, la música y el etalonaje. ¿Qué? ¿Cómo? El etalonaje es tan sencillo como graduar el color de las escenas, es decir, que donde tienes un verde lo puedes poner en azul, rojo o fucsia. Existen muchos programas que te dan la posibilidad de corregir el color en un plano, pero son pocos los privilegiados de ser “retocados” con el Mistika, el programa diseñado por la empresa española SGO y que actualmente utilizan los laboratorios de cine para etalonar los largometrajes. En definitiva, un privilegio el poder trabajar con esta máquina en mi proyecto.

La edición de sonido y la música fue bastante bien, con algún que otro problema de última hora, pero al final llegué a tiempo a entregar a la Junta de Castilla y león las copias del trabajo. No les puedo olvidar, si no llega a ser por esta subvención, no estaría hablando ahora aquí de «Making up». Está claro que sin subvenciones no habría cine en España, más que nada porque este mundillo, el del cine, es caro. Cuesta mucho dinero que tenga un aspecto profesional, con una cámara que te de buena calidad, con iluminación decente, con un buen sonido para cuidar los diálogos y no olvidemos algo también importante, la comida del equipo técnico, porque, ya que trabajan por la patilla, por lo menos hay que darles de comer. En fin, que esto del cine es caro y uno no tiene el suficiente dinero para hacerlo. «Panda de vagos», piensan algunos. Bueno, no es cuestión de convencer a nadie de por qué hay que dar subvenciones al cine, más bien habría que preguntar si es necesario tener cine en nuestro país. Un servidor piensa que sí, porque esto es arte, y el arte intenta expresar lo que uno siente y en esto influye donde uno vive y cómo lo ve. Se imaginan vivir solo con el arte del resto de países.

Mi aportación, mi punto de vista o mi forma de ver las cosas está comprimido en nueve minutos. No es que todo mi ser esté ahí, pero si que hay parte de lo que me inquieta. No intento nada más que poder expresarme en un medio que me tiene obnubilado. Pero ahora viene el resultado, la visión y la crítica del resto de personas, o sea, lo que realmente completa la obra es el espectador, porque no olvidemos que los que nos dedicamos a esto necesariamente tiene un objetivo: mostrarlo al público. Es la parte más dura de todo el proceso. Ahora es cuando uno se pregunta si ha conseguido lo que esperaba, ya que, si uno hace una comedia, espera que la gente se ría, pero si hace un drama espera un par de lagrimillas. Si sucede al revés, algo va mal. Nos hemos equivocado. ¡Dios, qué drama! Y ya no me refiero al género del film, sino al drama que nos viene encima. El artista nublado por su narcisismo se siente hundido y despellejado por el resto. ¿Quién son ellos? ¡No me entienden! Me voy a suicidar joven para que sepan valorar mi obra… póstuma.

Que bonito es darse cuenta de que hemos errado, ya que ahí comienza el verdadero trabajo de uno mismo. Por un lado están las obras que hace, un trabajo artesano y laborioso, y luego está el trabajo personal y psicológico en el que uno tiene que madurar con las trabas que tiene en el camino. «Me he equivocado». Pues sí, darse cuenta de que uno es humano duele al ego y al orgullo. Muchas veces oímos esa frase típica de “lo siento, soy humano” y que bien queda. Es como si fuese un antídoto ante cualquier circunstancia, ya hayas metido la pata en el trabajo como engañado a la parienta. Y claro, si te dicen eso, lo entiendes y lo dejas pasar. Somos humanos, cometemos errores, no pasa nada. Pues sí pasa. Para un “artista” admitir que ha cometido un error es como una gangrena, pero de estos hay pocos y malos. Están los divos que indudablemente tienen un don innato, como Dalí, y luego están los curritos, o sea, el noventa por ciento de los artistas que son los que admiten que llegar al final cuesta trabajo y tienes que sortear muchos obstáculos, trabas que te ayudan a conseguir el objetivo. Si logras sobreponerte es que realmente anhelas tu deseo, si te quedas a medias olvídate de ello, porque te estas engañando: tú no quieres llegar hasta el final.

Y el final es este, el proyectar mi cortometraje con el equipo técnico, con amigos de unos y de otros. Llegar hasta aquí es un logro, haber acabado, poner punto final a una larga espera, de trabajo y apoyo de los que te rodean. Siempre está el tópico de agradecer al equipo técnico lo que han hecho, pero qué demonios, hay que hacerlo. Y más en un cortometraje. Y más cuando no conocía a nadie y me he rodeado de un montón de gente que por amor al arte tomaron una caña conmigo y me dijeron que querían participar en el cortometraje. Es por ellos, por los que participaron, y también por los que participan a su manera, llamándome e interesándose por mi estado anímico, por los que preguntan cuando será el estreno, por los que te lanzan una cuerda cuando el ego se ha apoderado de ti y no te deja salir del rincón, son tanta gente que nunca hay créditos suficientes para darles las gracias, porque de un modo u otro, todos ellos forman parte del cine, del séptimo arte.

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