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Gustavo Prieto

Mi Manchester #009

Durante este mes en manchester se celebra el 17th Spanish & Latin American Film Festival organizado, entre otros, por el Instituto Cervantes y las proyecciones son en el Cornerhouse. Un edificio de cuatro plantas situado entre Oxdford St. y Withworth St.
 
Nada más entrar, de frente, te encuentras con las taquillas del cine (Para este festival, en sesión normal tan solo cuestan 7,50 libras, ejem). A la derecha de la entrada está una librería especializada en cine, vanguardia y titiriteros. Es muy pequeña, así que tampoco puedes ir buscando algo muy específico. También venden un montón de postales y tarjetas de felicitaciones (¿?). Si nada más entrar evitas la tienda y la taquilla y sigues recto, te encuentras con el bar, donde te ponen un cafe late con una figurita dibujada en la espuma de la leche. (Ideal de la muerte).
 
Subiendo las escaleras, en el primer piso hay otro bar (donde desconozco si ponen figuritas en el café); en la segunda planta está un chaval en un escritorio haciendo que trabaja junto a múltiples folletos, que te mira y te sonríe amablemente. A la derecha está la sala de exposiciones (Estos días está la de un artista Colombiano de la que voy a omitir mi opinión). Al igual que las que vi en la tercera y cuarta planta, donde fue muy cómodo verlas porque no me molestó ni un alma. Tras este interesante periplo por el Cornerhouse, un edificio que da buen rollo, muy gafapastero, me acerqué a otro local de similitudes características que estaba cerca: El Greenroom (Withworth St.).
 
Hace poco me puse en contacto con el organizador del Kinofilm, un festival de cortometrajes de esta ciudad, con la intención de conocer gente del mundillo y me propuso vernos en una muestra de trabajos que los proyectaban en el Greenroom. Por lo que allá que me fui.
 
Era muy consciente donde me metía y no me decepcionó en absoluto. Para empezar, la muestra de cortometrajes costaba cinco libras (En España he llegado a pagar como mucho 3 euros y ya me estaba quejando). Pregunté a la mujer de la taquilla si conocían a John, el organizador del evento, y la mujer no tenía ni idea de quién era. A su vez, ella preguntó a otra chica, muy mona y requetepintada, pero tampoco le conocía. Por lo que con las mismas me fui al bar del garito donde me tomé un cafe late por dos libras (¡y sin figurita!).
 
El Greenroom también destila ese ambiente vanguardista del Cornerhouse. Te sientes un artista entre bambalinas paseando por esos muros de colores, con las señalizaciones de las salas proyectadas en la pared, los precios del bar escritos en un espejo, en definitiva, buen rollito. Mientras esperaba a que abriesen las puertas, eché un vistazo a la programación y me percaté de que aquello se iba a alargar hasta las doce. (¡Y yo qué pensé que los ingleses se acostaban a las nueve!).
 
El bar se llenó de cortometrajistas, actores y algún técnico, a cada cual más esperpéntico. Por un momento me sentí rodeado de Warhols por todas partes. John apareció junto a un hombre cincuentón, vestido de negro, con una cresta y la cara echa jirones, no demacrada, sino que daba la impresión de que la vida le había curtido. Como estaba tan ocupado yendo de un lado a otro no le molesté hasta el descanso de la muestra.
 
La sesión constaba de seis cortometrajes y después de la proyección de cada uno había una charla con los “creadores” y el encargado de hacerles las preguntas era, ¡tachán!: el punki viejuno. Si ya de por sí, las pintas de estrella de rock las tenía (luego me enteré de que era músico), al hablar dejó bien claro que no se había aburrido en su vida. Tenía una voz rota como la de Sabina, pero en inglés. En este link les podéis ver en plena acción.
 
Tampoco me voy a entretener en deshilvanar todos los cortometrajes, ya que de seis valían la pena dos. Lo más interesante de la situación en la que me encontraba era la master class de inglés que estaba teniendo. Ya adelanto que no me enteré de nada. N-a-d-a. De los cortometrajes sí, porque, aunque eran malos, de las cuatro palabras que cazas al vuelo y la visión del mismo, acabas entendiendo la historia, pero de las entrevistas y charlas con el público no. Cuando todos se reían por alguna broma, yo les seguía, por no hacer el feo (ante todo educación).
 
No sé si fue la oleada de inglés que tuve, la frustracción del momento o la soledad con la que me encontraba que cuando quise hablar con John apenas pude enlazar dos frases con coherencia. Para colmo me presentó al Punki que lo único que le entendí es que le había entusiasmado la película española Biutiful.
 
Para exprimir las cinco libras de la entrada, me quedé a la segunda parte del evento y, como me sentía tan espeso esa noche, cuando terminaron las proyecciones le dije a John que “nice to meet you”, pero que seguíamos en contacto por email.

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