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Gustavo Prieto

Mi Manchester #010

 

 

Ayer vino el chico que me alquiló la habitación (que a partir de ahora le llamaré Z para resumir) justo cuando me estaba haciendo la comida (coliflor y pescado, sano-sano) y me dijo que tenía que abandonar la casa, como si fuese un concursante de Gran Hermano.
 
Z me había alquilado su habitación hasta junio, pero el contrato que él había firmado con la agencia vencía este mismo sábado. Desconozco el interés que tenía Z para conservar la habitación, pero así lo quiso y por eso me la alquiló a mí. Pero sin avisar a la agencia.
 
El resultado es sencillo. Si Z hubiera firmado otro contrato para continuar, a mí me hubiera subarrendado la habitación sin problemas, pero no lo hizo, por lo que la agencia le pidió la llave esta misma semana.
 
Después de la escena del primer párrafo, apenas comí (con la buena pinta que tenía el pescado...). Estaba nervioso e histérico como una colegiala tras darse cuenta de que estudiar durante toda la noche justo antes del examen no sirve para nada (bueno, más o menos). Como un loco mandé mil mensajes y lo anuncié a los cuatro vientos que me quedaba en la calle al día siguiente.
 
Y aquí viene la maravillosa respuesta de mis amigos españoles que conozco de un día: “te vienes a mi casa” (Aurora te debo una cerveza por evitar que mi úlcera creciera más en ese momento). Después me pasaron más teléfonos para alquilar algo, empecé a relajarme y me acordé de Miliki.
 
Entonces me llegó el mensaje de Z: “Esta tarde te recojo con mi flamante cochazo tecnología alemana con multivalvulas y mil quinientos caballos en cada rueda. Te llevo a ver tres casas donde puedes entrar a la voz de ya”. Z se convirtió en ese momento en Super Z al rescate.
 
Sin duda, la respuesta de, ya, Super Z ante la cagada anterior superó todas mis expectativas. Aún así mi mente estaba aturdida. En el piso anterior me había hecho un hueco, como el que tiene Homer en su sillón. En poco tiempo uno coge sus manías, se sabe el camino y conoce las distancias a la que está de los sitios. Me gustan los cambios, pero no de ese modo.
 
Las casas me impactaron y todas tenían alguna pega, pero finalmente me decidí por la compañía de unos italianos. Después de limpiar hasta la extenuación el cuarto acabo de plantar mi culo y estoy moviéndolo de un lado a otro para ir haciendo el hueco donde espero reposar durante un tiempo largo.
 
Justo antes de venir, rodeado de mis dos maletas, pude comer con tranquilidad mi pescado con coliflor, que tampoco estaba tan bueno como esperaba.

 

 

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2 comentarios

Gustavo -

Yo también espero que sea para mejor. De momento, es más barato.

En cuanto a los post, siempre pienso que son larguísimos. Si te aburres, puedes leer mis cuentos. El link está en el lateral del blog. :-)

El tema curro acabo de empezar, como quien dice, y lo de cobrar el paro sí, a priori está solucionado.

Jas -

Vaya movidón, no?... joder con Z. Menos mal que luego se portó. Espero que el cambio haya sido a mejor.

Tío, siempre me quedo con ganas de leerte más, se me hacen demasiado cortos tus post... jajaja.

¿Cómo está el tema curro... y lo de cobrar el paro allí ya lo tienes resuelto?

Ánimo todo el rato.
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