Blogia
Gustavo Prieto

Mi Manchester #012

 

 

Cuando llegué a Madrid hace seis años, apenas conocía a gente, se podían contar con una mano. Hace poco menos de un mes que me fui y puedo decir que he dejado una casa, amigos a puñados, como quien dice, hice una nueva familia.
 
Dejar atrás tu ciudad de nacimiento, tu familia y amigos, a quienes conoces de toda la vida, es muy complicado. Es una de las razones por las que a veces te lo piensas dos veces. Si preguntas a una persona, ¿por qué no te vas a buscarte la vida a otro lado? La mayoría dirá porque tiene la familia al lado, los amigos... Pensar en empezar de cero es (ahora que no me escucha nadie puedo decirlo) jodido.
 
Empezar de cero. Coger la maleta, presentarte al otro lado del mundo con tus ahorros y tus maletas es una decisión difícil. Después, cuando llegas al destino, te das cuenta de que no has sido el único. Es como quien escala una colina, ilusionado por plantar su bandera, y al llegar a la cima hay montones de banderas clavadas allí (y riéndose de ti, claro). En definitiva, uno se quiebra la cabeza por algo que al final, no es para tanto.
 
Una vez que este hecho, el del traslado, se vuelve fútil, solo queda pensar en cómo empezar de cero. Cómo se crea esa gran familia que tuve en Madrid. De momento, aquí mi nueva familia comenzó por amigos de amigos, quienes a su vez me presentaron a más amigos... ¿Sabéis dónde? Sí, en fiestas. He aquí mi primera fiesta en Manchester. Aurora es la protagonista. Ella conoce a una amiga mía de Madrid y como los dos vivimos en estos lares, la pinta no podía tardar.
 
Quedé con ella en Pidadilly, el corazón de la ciudad. Era sábado y el ambiente fiestero se notaba en las hiperarregladas inglesitas que, a pesar del frío, metieron sus cuerpos poco estilizados en faldas estrechas, embutiendo la carne cual mortadela, con el fin de que los inglesitos, ebrios de cerveza ale, les silben o les digan improperios en su inglés inteligible.
 
Estuve tomando un par de pintas con Aurora y después me invitó a dos planes que tenía ella para aquella noche. La mejor oportunidad de conocer gente. Por lo que hice el esfuerzo de seguir tomando cerveza en otros lados y, ya de paso, conocer a sus amigos.
 
La primera fiesta era bastante atípica. Nos movimos en autobús a un punto indeterminado de Manchester para ir a una recolecta que hacía un equipo de baloncesto femenino, en el que jugaba una amiga suya. Cinco libras era la entrada (la donación), después fueron dos libras la pinta y el ambiente no tenía precio. La reunión para tal objetivo era en una enorme casa victoriana donde convirtieron el salón en una pista de baile con barra de bar y billares. Había un gran abanico de edades entre el pequeño público que asistió al evento y la música parecía sacada de una discoteca de Ibiza. Bailamos un rato para hacer bulto y nos fuimos tan pronto como pudimos.
 
A la segunda fiesta llegamos en un taxi privado. Están los típicos taxis (cab) negros, misma marca y mismo color, y luego está la opción de este otro servicio, que según dicen es más barato. Poco más.
 
Esta fiesta era la despedida de una chica que se volvía a España. Allí me la presentaron y allí me despedí de ella. Tal cual. Llegamos algo tarde y ya había algún descarriado con el alcohol, pero en general, la mayoría españoles, se estaban portando bien. Entre sidra y sidra (quise comprar cerveza, pero me equivoqué) conocí a muchos españoles y a todos les hice las mismas preguntas: ¿cuánto tiempo llevas? ¿qué tal te va? No pude evitar el bajón que me dio al escuchar cada uno de sus inicios, pero, a su vez, todos y cada una de las personas me dijeron lo mismo: si aguantas, merece la pena.
 
Nos fuimos a casa cada uno por nuestro camino, lloviznaba (como en las buenas películas) y me tuve que refugiar en mi abrigo, encogido por el frío, eché a andar esquivando charcos y pensé que, quizás, también yo pueda decir lo mismo a alguien dentro de un tiempo. Quizás, también haga una nueva familia en esta ciudad.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

6 comentarios

Gustavo -

Gracias Germán. Ya sabes, si decides Manchester, por aquí estaremos viento en popa y a toda vela!!

Germán Martínez Rica -

Aupa Gustavo. Oye muy bueno el relato. Tienes una forma de escribir que engancha. Directa, sobria. Te entiendo porque estoy en una situación similar a la tuya. Me voy para Inglaterra (todavía estoy barajando dónde y cómo) y tengo todavía un montón de interrogantes sin resolver. Echale ganas cuando menos ganas tengas y espero que todo te vaya bien. Igual nos vemos por allí.

Un saludo.

Gustavo -

jajajja Bueno, Judas, tampoco fue para tanto... ¡qué coño! Se quedan cortas las fiestas americanas... jjaja

Judas -

Tantas veces que me he preguntado...¿dónde coño organizarán esas fiestas que salen en las películas norteamericanas en cosas gigantes y gente por todos los lados? Ajá... MANCHESTER!!

Gustavo -

Tengo amiguitos british también, ya lo relataré en otro post, pero ya te adelanto que estoy metido en un festival de cortos de aquí.

Jas -

Sin duda, amigo... harás una nueva familia, ya lo verás.

Por lo que leo solo te "relacionas" con chicas o qué?... jajaja. Y estás todo el día con españoles?... ya sabes que esto no es productivo.

Venga, ánimo, que nosotros no estamos allí contigo, pero estamos aquí, que también cuenta.

Será jodido, pero yo tengo unas ganas de pirarme que me muero.

Abrazote!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres