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Gustavo Prieto

Mi Manchester #013

 

Mi manchester está maduro por unas partes, pero por otras no. Hace un mes, cuando empecé mis andaduras por estas tierras, peladeando duro y lidiando con el idioma cual batalla, todo iba acompasado. Hasta he tenido entrevistas de trabajo. De repente, ves partes que parecían solventadas, pero no, porque me doy cuenta de que aquí también hay funcionarios como en España. (.....) (este es el espacio del adjetivo descalificativo). Mi National Insurance Number no vale.
 
El domingo pasado me llamaron por la tarde para mi primera entrevista. Repito. El domingo por la tarde. El tipo me impresionó porque me habló con tal sutileza y decoro que si hubiera estado delante le hubiera besado. Me explicó con lentitud todo lo relacionado al trabajo y cuándo tenía que ir, así que marqué el jueves con una gran equis. ¡La primera entrevista de trabajo en el extranjero!. Para Kitchen porter, o lo que viene a ser un friegaplatos. A pesar de eso, mi adrenalina estaba por las nubes.
 
El lunes fue apoteósico. Segunda llamada para otra entrevista. Otro hotel, pero esta vez como Housekeeper (limpia habitaciones). Me enviaron un email explicando los detalles y que iba a ser en grupo. Creo que es la primera vez que hago algo así.
 
Me esperaba una semana más que interesante. Como eran mis primeras entrevistas quedé con mi amigo Patrick, el british, para ensayar supuestas preguntas y prepararme las respuestas. Todo bien. Él me insistía que mi inglés era suficiente para hablar con ellos, que confiara en mí. Todo bien, pero salió el tema del “suit”. ¿Debería llevar traje? Las entrevistas eran para limpiar habitaciones, pero quién sabe.
 
Al día siguiente me vestí con mi ropa más adecuada, camisa recién planchada, jersey y pantalón, bastante informal. Estaba más nervioso por cómo irían vestidos el resto, que por la entrevista. Era como una primera cita (qué pensarán de mí). Salí de casa repansado mis respuestas y de camino al autobús me enteré de que llevaba la bragueta bajada. Me dije, así, marcando estilo. Eso sí que era una buena primera impresión.
 
Cuando vi al resto de candidatos, me quedé más tranquilo, yo era el más elegante (De verdad). Éramos ocho candidatos y todos extranjeros. La primera actividad fue describirnos en pocas líneas, quiénes éramos, nuestra familia, nuestros hobbies y nuestros intereses (el mío, mejorar inglés, claro). Después vino la entrevista personal donde me dijeron que tenía buen inglés, por lo que los nervios se fueron de paseo y, cuando salí del hotel, no cabía la sonrisa en mi cara.
 
Por la tarde sentí que había puesto toda mi energía en esa primera entrevista y al día siguiente tenía otra. Me levanté cansado, no dormí bien y no tenía fuerzas. Me quedé mirando la foto que tengo de mis sobrinos en el móvil para ver si me levantaba un poco el ánimo. Sentí un pequeño respiro con los recuerdos y me fui a por todas.
 
De nuevo en un hotel, me perdí por el camino y casi llego tarde. Fue mucho más informal. Como era para asistente de cocinero la hizo el propio cocinero (?). Le faltó sacarme unas aceitunas, que hubiera sido un detalle. Muy simpático, pero tenía un acento cerrado que me costó entenderle que si no tenía certificado de alimentos, como que era difícil que me aceptaran. Este bajón se cubrió con la llamada para dos entrevistas más (que explicaré otro día).
 
El remate ha sido enterarme de que necesito solicitar el National Insurance Number (os recuerdo que este número es esencial para empezar a trabajar aquí). Cuando me dieron el número, el funcionario del jobcenter me dijo que era temporal porque estaba importando mi paro, pero que no necesitaba hacer nada más. Tres semanas después, un compañero suyo le contradice y me dice que llame de nuevo para solicitar dicho número. (.....) (este es el espacio del adjetivo descalificativo).

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