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Gustavo Prieto

Mi Manchester #037

Foto. Catedral de Chester, U.K.

Bodas islámicas. Segunda parte.

El primer día de la gran boda es cuando la pareja se une en matrimonio junto a las dos familias. Es un ritual en el que se les da mas dinero a los novios y donde literalmente se le entrega la novia al novio. Subrayo esto último porque el final de este día es lo mas dramático que he visto en mucho tiempo y todo porque es “el día de la novia”.

En la casa del novio le preparan antes de ir a la ceremonia. Vestido de gala, como si fuese Aladino, y acompañado por dos niños. La madre le pone un sombrero, que es como un casco de telas y con unas tiras que le cubre la cara. En el ritual le ponen varias collares de hojas alrededor del cuello, al mas puro Hawaii, anillos y... dinero. Nunca falta. Aquí, de nuevo, la familia y los amigos le saludan, pero siempre para soltar el billete. Después de todo esto, el novio se monta en el coche, donde le tapan la cara y no se la descubren hasta que llega al salón donde se celebra la boda.
 
Mientras, la novia espera en una habitación, pequeña, dentro del salón donde más tarde cenarán. Como si fuese un programa de televisión, ella no puede salir. La gente empieza a llegar, esta vez más trajeada que los días anteriores y reciben la llegada del novio tirándole pétalos y confeti.
 
Durante la bienvenida al novio, aparece el sacerdote y reune a los padres del futuro matrimonio para que firmen en un libro. Nadie les hace caso porque la gente esta en sus mesas o con el novio. Después, el sacerdote se va a la habitación donde esta la novia para que firme su enlace en el mismo libro, y después hace lo propio con el novio. Insisto, por separado y sin que la pareja se haya visto todavía (lo que más me llamó la atención es que el sacerdote pide el consentimiento de cada uno de ellos para recibir sus honorarios. Bastante dinero por cierto).
 
Entonces es cuando sale la novia y, llevada por su padre, se la entrega al novio y es el momento en el que el sacerdote toma la palabra. Poco más de cinco minutos, ya están casados. A comer.
 
De nuevo, refrescos, pollo al curry (Para mí, picante, para el resto no) y pescado. Sin olvidar en el postre el arroz dulce (que me encanta). Después de las fotos y cortar la tarta, es tradición que las hermanas y amigas de la pareja quiten el zapato al novio para luego pedirle dinero (En una boda le sacaron doscientas libras). Y de este momento de juerga y diversión, de repente, suena el clarinete (Para mí es algo similar. Una música triste donde las haya). Es la misma para todas las bodas y sirve para avisar a la novia de que tiene que irse con el novio.
 
Este momento fue confuso para mí. La boda ha terminado y la novia, llevada por el padre, es la protagonista porque empieza a llorar a lágrima viva. La familia se despide de ella como si no la volvieran a ver. La música sigue sonando. El momento álgido es con los hermanos y la madre. ¿Y el novio? Pues perdido entre la multitud con cara de... “no entender nada” (como yo). Por suerte siempre hay alguien sensato que dice: “coño, si la vais a ver mañana”.
 
Y al día siguiente, por supuesto, todos la vuelven a ver en “la segunda boda”, llamado “walima”. Se supone que éste es el día del novio, pero ni mucho menos termina igual. Es un día más tranquilo, donde están invitados los amigos de él. Más fotos, más refrescos y más pollo al curry (picante) y... más coreografías de bollywood. Todo un espectáculo.

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