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Gustavo Prieto

Microrelatos

Hotel #003

Después de la segunda visita a España, me estoy preparando para un octubre cargado de grabaciones: bodas, videoclips, un documental e incluso un spot televisivo. Mientras toco madera para que todo salga bien, dejo mi tercer microrrelato, recordando mis anécdotas en el hotel.

 

Estaba predestinado a morir antes de cumplir los treinta, al menos esa era la media en su barrio, pero sus versos entusiasmaron a un manager que andaba perdido por las estaciones del metro de Londres. Le sacó de la calle, de su barrio y, ahora, Jordan era portada de todas las revistas de música.

Jordan provenía de una familia del Congo que había trabajado muy duro para sobrevivir. Él lo sabía y se lo repetía a su novia mientras ella zapeaba desde la cama del hotel donde se alojaban. Eres una ignorante, le dijo a ella, que ni se inmutaba ante las quejas del chico. “Esto es demasiado para alguien como yo”.

Jordan salió del baño secándose las manos en sus tejanos, por lo que al verle, ella le gritó que usara las toallas. “No quiero pagar más”, le espetó. El comentario le produjo tal risa a la chica que casi se cae de la cama. “Todo está incluido, merluzo. Además, tu no lo pagas”.

Él se quedó sorprendido e inmediatamente pensó en llevárselas a su madre. Mientras buscaba un hueco en su maleta, ella, sin soltar el mando del televisor, le explicaba que con el dinero que iba a ganar con los conciertos, las entrevistas y la publicidad, tendría mil toallas mejores que las que allí ponían.

Pero él seguía sin asimilarlo. Se sentó observando cada detalle de la habitación y echó un vistazo por la ventana. Manchester estaba a sus pies, pero él no dejaba de pensar en su barrio marginal. En su gueto y en su familia. Sin dejar de mirar afuera dijo que lo dejaba. Entonces, ahora sí, ella soltó el mando del televisor como si le abrasara la mano. “¿Estas loco? Puedes ganar el suficiente dinero como para comprar el gueto entero... Ella se calmó y se acercó para acariciarle por la espalda. Tampoco quiero que me olvides a mí... dijo con voz acaramelada.

—A eso me refería, dijo él con arrogancia. Te dejo a ti.

 

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Hotel #002

 

Jimmy arrugó la cara antes de llamar a la habitación. “Good morning, housekeeper”. 

"My friend" era el saludo habitual de Jimmy a un chico español con el que solo hablaba de fútbol. Los dos trabajaban juntos ese día. “Barcelona” y “Messi” solía decir Jimmy mientras zigzagueaba la mano como una culebra y soltaba con una sonrisa en la cara: “Messi. Manchester United”. 

Pero los sábados, Jimmy se olvidaba del fútbol y no paraba de repetir: Put in. Take out. Put in. Take out... Pronto el español supo que se refería a las camas extras que había que poner o quitar. Ese día de la semana solicitaban más de lo habitual y la falta de organización del hotel no facilitaba la tarea. 

Dos en la planta primera, tres en la segunda, dos en la tercera... pero hay que poner dos en la quinta, por lo que las que quitamos de aquí... Jimmy hacía cábalas para no tener que mover las camas entre plantas, lo que suponía meterlas en el ascensor y el doble de esfuerzo.

“Good morning, housekeeper”...Tras varios put in/ take out, Jimmy aseguraba que en esa habitación había una cama extra debajo de la grande. “La última”, juraba mientras abría la puerta. El cliente no estaba y la cama extra tampoco, por lo que tendrían que buscarla. Jimmy repasó la lista de nuevo y empezó a mascullar entre dientes.

¿No había más camas extras? Tras registrar los diferentes almacenes de cada planta recogieron un colchón de la octava planta y el respaldo de la cama en la segunda. Llegaron a la habitación sudando. De nuevo, enfrente de la puerta. “Good morning, housekeeper”. Jimmy se secó la frente antes de volver a llamar a la puerta y, justo cuando iba a abrirla, el cliente asomó la cabeza. Les miró con una sonrisa forzada y dijo que ya no necesitaba la cama extra. Y cerró. Jimmy miró al español y soltó: shit.

 

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Hotel #001

No hay mucho que explicar. A partir de ahora, iré incluyendo microrelatos. De momento, tengo una serie de historias que transcurren en un hotel y como protagonista nada más y nada menos que un vulgar españolito en tierras inglesas. Cada capítulo surge de algo que he visto, que he encontrado o que he vivido durante esta experiencia de limpia habitaciones, así que cada cual que elija qué es real y qué es ficción. También se puede descargar en PDF en el enlace.

Hotel #001

La maleta abierta con la ropa desperdigada por la habitación indicaba que el cliente iba a pasar una noche más. El chico de la limpieza masculló entredientes al ver el desorden y empezó con la tarea. Tan solo había cambiado las toallas del baño y se disponía a secar la mampara de la ducha, cuando una mujer entró gritando en el cuarto, sin percatarse de la presencia del joven.

Hablaba en un inglés ininteligible para el muchacho recién llegado de España, pero por el tono debía de estar soltando improperios a alguien mientras recogía su ropa con avidez y cerraba su maleta. Ese alguien apareció y entró en la habitación a la altura de la puerta del baño, donde el joven se había quedado petrificado con el trapo en la mano.

La mujer tenía el rímel corrido por toda la cara y, sin fuerzas, arrastraba su maleta con las dos manos hasta que la soltó mascullando un “fuck off”. Después se encaró tambaleándose frente al hombre y le escupió en la cara otro “fuck off”. Y se fue repitiendo la misma palabra una y otra vez por el pasillo. Justo cuando salió la mujer, el hombre miró al joven que reaccionó al instante y le pidió disculpas con ademán de irse, pero el tipo, angustiado, le permitió seguir con su tarea. “Go ahead, go ahead”, insistió. 

Después se sentó y empezó a soltar el nudo de su garganta explicando al joven que la mujer ya no volvería más, que eran muchos años soportando lo mismo. También recordó cuando la vio por primera vez en un pequeño pueblo de Escocia y que, desde que empezaron a salir juntos, hicieron el amor todos los días del año. Fue mágico, sentenció, y le empezaron a caer lágrimas por la mejilla.

El joven no le vio, ya que estaba obcecado en su tarea, y tampoco le entendió ni una palabra, por eso, más tarde, se inventó una historia de lo que había ocurrido, pero con un final feliz.

 


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